LA ÓPERA GUSTA A PESAR DE… – EL EXTRAÑO ATRACTIVO DE LA ÓPERA
Introducción
Hoy vamos a hablar de algunos detalles de las óperas que, para quien no es aficionado, resultan bastante incomprensibles. Realmente tal vez lo son, pero la ópera gusta a pesar de ellos a quienes tenemos esa afición. Se podría decir que perdonamos esas cosa que, a otros ojos, pueden parecer incongruencias o incluso defectos. Sí, la ópera nos gusta a pesar de todas estas cosas que vamos a enumerar.
La ópera gusta a pesar de…
La larguísima duración de algunas
Hay óperas cortitas, pero lo normal es que se acerquen a las dos horas y media. Sin embargo hay otras que tienen duraciones que van de las cuatro a casi seis horas. Evidentemente hay intermedios, pero dos a lo sumo. Durante todas estas horas no hay otra cosa que canto y más canto. Normalmente, además, no entendemos nada de lo que dicen, aunque sepamos la lengua en la que se canta. Si no fuera por los subtítulos no nos enteraríamos mucho del tema. Tiene mérito que la ópera haya sobrevivido siglos sin esa ayuda que la tecnología ahora nos proporciona.
Para ilustar esto que hemos dicho veamos el coro Wacht auf del acto III de Los maestros cantores de Nuremberg, la ópera más larga de Richard Wagner de casi seis horas de duración.
Algunos argumentos imposibles
Personalmente, Il trovatore de Verdi, es una de mis óperas preferidas. Con una música extraordinaria, tiene uno de los argumentos más inverosímiles que podamos encontrar. Como ella hay muchas otras, situaciones absurdas, equívocos que cuestan de creer; pues bien, apesar de ellos, la ópera gusta.
Veamos ahora un fragmento del Il trovatore en el que Azucena le dice a su «supuesto» hijo lo que hizo años atrás, la cara de extrañeza que pone Manrico es la que puede poner cualquiera que oiga esa historia, el pobre joven se queda horrorizado, más tarde le preguntará a Azucena si es que él no es en realidad su hijo, algo que la gitana no acierta a explicar. Aconsejamos ver la ópera completa, con previa lectura del argumento, eso sí.
Dolora Zajick y Yonghoon Lee. Condotta ell’era in ceppi
Intercambio de sexos en los papeles
Sobretodo en casos de mujeres que interpretan roles masculinos. Tiempo atrás dedicamos a este tema un amplio artículo que se puede ver AQUI. Y no nos resulta extraño. También, en óperas barrocas o del clasicismo, se pueden encontrar contratenores que interpreten papeles femeninos o caracterizados de mujer, aunque son menos frecuentes.
Veamos un ejemplo de la producción de L’arbore di Diana de Vicent Martín y Soler, con el sopranista Michael Maniaci en el rol de Amore.
Ningún problema con la edad
Muchos compositores crearon personajes con unas edades que dificilmente podían encontrar un intérprete que tuviera la misma. Es decir, una jovencita como Cio-Cio San, la protagonista de Madama Butterfly de Giacomo Puccini, que se supone que tiene quince años, la interpretan mujeres que casi podían ser su abuela. Y no nos extraña, tal vez nos chocaría más ver a una jovencita interpretar ese papel, muy exigente por otra parte. Lo mismo ocurre con parejas de enamorados, estudiantes, etc. todos rozando la cincuentena. La ópera es así, y a pesar de todo esto, la ópera gusta.
Renata Tebaldi es Madama Butterfly, y de quinceañera, nada de nada. Un bel dì vedremo
Pocos finales felices
Si no se trata de una ópera bufa, sobretodo en el romanticismo, casi siempre muere un protagonista o más. Es cierto que un final feliz nos puede parecer más romántico, pero aún lo es más un amor imposible.
Veamos el final de La traviata de Giuseppe Verdi. El gran amor de Violetta y Alfredo tiene este epílogo. Anna Netrebko y Rolando Villazón.
Agonías con música
Es una de las cosas que más sorprenden a quien ve una ópera por primera vez: las largas agonías en las que, apesar de estar muriendo, los personajes cantan y cantan, es poco creíble ciertamente, pero suelen ser momentos de una gran emotividad y la ópera gusta también por esto.
Veremos el final de Adriana Lecouvreur de Francesco Cilea, la protagonista ya ha inhalado el veneno que venía con unas flores que ha recibido. Ella las besó pensando que eran un mensaje de Maurizio que daba por finalizada su historia de amor. Sin embargo, no era así. Esas flores envenenadas las mandaba su enemiga la princesa de Bouillon. Veremos esta larga escena en la que el veneno ya actúa en el cuerpo de Adriana que muere en los brazos de Maurizio.
Angela Gheorghiu y Jonas Kaufmann.
La ópera gusta a pesar de todo lo que nos parece extraño y seguirá gustando, seguro.