A VUELTAS CON LOS BISES EN LA ÓPERA
A raíz de lo sucedido en Viena durante la representación Tosca con Kaufmann y Gheorghiu hemos estado dando vueltas al tema de los bises en la ópera. (Ver Polémica en la Tosca con Kaufmann y Gheorghiu)
No vamos a debatir si Kaufmann cantó su aria tan excelsamente para que el público pidiera un bis y se concediera, aunque se ha dicho que la había cantado mejor en otras ocasiones. El caso es que lo hizo.
Hay arias que por su belleza, popularidad o dificultad, si están bien cantadas despiertan el fervor del público que puede aplaudir a rabiar, algo que está perfectamente aceptado naturalmente, pero para conceder un bis realmente tiene que ser algo excepcional, a nuestro modo de ver, y en la actualidad hay ocasiones en las que no es así. Nos explicamos. Imaginemos que un cantante hace un bis en una función, automaticamente la noticia corre como la pólvora, y seguramente en el resto de funciones el público asistente querrá lo mismo que han tenido los otros, y se acaba concediendo. Esto ocurrió precisamente en Viena.
Otras veces, y seguro que nos vienen a la mente más de uno y de dos nombres, hay intérpretes a los que les entusiasma bisar, y casi provocan hacerlo. Terminan el aria que saben que levanta pasiones y ante los aplausos (que evidentemente tendrá) saludan, sonríen y manifiestan una emoción que hace que esos aplausos aumenten y seguro que el bis está al caer.
Volviendo a la función de Viena, se ha criticado que la salida de Kaufmann rompió con el dramatismo de la escena. Que nos perdonen quienes piensen eso, pero el dramatismo lo rompe antes el bis a nuestro entender, por eso ha de ser algo que realmente tenga la categoría de extraordinario, porque un bis nos saca de la función automaticamente, naturalmente el público está satisfecho, pero rompe la acción y si es una tragedia, aún más ya que el intérprete suele «salir» del personaje por unos momentos.
No estamos diciendo que no se concedan, pero realmente se han de dar cuando sea una ocasión excepcional, y no sólo porque una legión de fans (otro fenómeno ahora muy frecuente) bravee hasta lo inimaginable a su intérprete favorito. Hay cantantes que cuando se enfrentan a una ópera deben temer ya que se les vaya a pedir el bis en todas las funciones porque tal vez en una ocasión lo hicieron en una producción. Hay que ser un poco más serio, o al final tendremos que dar la razón a Wagner que no nos deja ni aplaudir una sola aria hasta que no acaba la función, y eso tampoco.







El dramatismo tendría que ser respetado en todos los casos, si bien creo que el público melómano en general conoce Tosca del derecho y del revés y no lo afecta mucho que se corte el hilo, pero hay que tener en cuenta que el teatro no es «nuestro» solamente y puede haber gente que haya visto la ópera sólo ocasionalmente o que no la haya visto nunca. En cuanto a las legiones de «fans», se me hace que no son tan ilustrados como los «claqueurs» de antes y están muy influenciados por el marketing.
De acuerdo en la influencia del marketing acerca de un cantante. Buena observación.