KARITA MATTILA EN DON CARLO DE GIUSEPPE VERDI
A continuación podemos ver a la soprano Karita Mattila interpretando el aria de Isabel de Valois, Toi qui sus le néant (Tú, que conoces la futilidad del mundo) de la versión París de la ópera Don Carlo de Giuseppe Verdi. Posiblemente sea más conocida la versión italiana, Tu che la vanità.
Esta monumental aria para la soprano, es de una fuerte exigencia dramática. En ella, el personaje de la reina Isabel, ante la tumba de Carlos V recuerda su vida: el amor perdido, los recuerdos de juventud, y se despide de todas sus ilusiones y sueños, y sólo desea la paz del sepulcro.
El aria empieza con una majestuosa introducción por parte de la orquesta y la voz tiene que oscilar entre el lirismo extremo y la fuerza de la amargura que provocan en Isabel los recuerdos de su vida pasada. Como casi siempre, Verdi exige un control del fiato y un fraseo inmaculado, si la intérprete lo consigue el resultado es realmente sobrecogedor.
A Karita Mattila la acompaña la Orquesta de París dirigida por Antonio Pappano. Es una grabación del año 1996.
La traducción del texto del aria Toi qui sus le néant es la siguiente:
Tú que conoces la futilidad del mundo,
tú que al fin gozas de la paz dulce y profunda;
si se pueden derramar lágrimas en el cielo,
¡presenta las mías a los pies del Eterno!
¡Carlos vendrá!… ¡Sí, que se vaya y me olvide!…
Prometí a Posa velar por su vida.
¡Que siga su camino glorioso y bendito!
¡He cumplido mi tarea y mis días han terminado!
¡Francia, noble país, tan querido en mi juventud!
¡Fontainebleau, mi corazón sueña con tu imagen!
Allí, Dios recibió nuestro juramento eterno,
¡y su eternidad sólo duró un momento!…
Bellos jardines españoles, Si en la hora obscura,
Carlos debe aún detenerse bajo vuestra sombra,
¡que vuestras flores, fuentes y bosques,
le canten mi recuerdo con todas sus voces!
Adiós, sueño dorado… ¡Ilusión! ¡Quimera!…
¡Tu nudo rompió quien me ató a la tierra!
¡Adiós, juventud y amor!…
Sucumbiendo ante la tragedia, mi corazón
sólo tiene un deseo: ¡la paz de la muerte!
Tú que conoces la futilidad del mundo,
tú que al fin gozas de la paz dulce y profunda;
si se pueden derramar lágrimas en el cielo,
¡presenta las mías a los pies del Eterno!
¡Alma gloriosa elevada al cielo, ah,
presenta mis llantos a los pies del Eterno!







